Poncho de Anda
Primero vino el revés del juez federal que ordenó quitar su nombre del Centro Kennedy, y la respuesta inmediata no defraudó: un berrinche monumental de más de 720 palabras en las redes sociales. Fiel a su estilo, arremetió con todo contra el juez Christopher Cooper, tachándolo de parcial, y hasta se inventó que el edificio histórico estaba "oxidado, podrido e infestado de ratas" para justificar su intervención.
Pero lo verdaderamente llamativo aquí es el desenlace de la rabieta. Después de insultar, patalear y asegurar que bloquear la clausura del centro ponía en peligro al público, terminó reculando por completo del proyecto y devolviéndole el control al Congreso. Es el ciclo perfecto de su manual: promete control total, la ley lo frena, monta un escándalo culpando a un supuesto juez activista y luego se retira discretamente haciendo como que el asunto ya no le importaba.
Al final, este drama deja claro que por mucho ruido que haga en internet, el peso de los tribunales sigue siendo un muro difícil de esquivar. Insultar al juez te da interacciones con tu base, pero no te devuelve el letrero en la fachada

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